Un anillo vaginal, un negocio y falsas expectativas

Desde 2012 se lleva realizando una investigación sobre la protección del VIH, con más de 2600 mujeres africanas, en Malawi, Sudáfrica, Uganda y Zimbawe, que no poseen el virus, pero con alto riesgo de contagio. El retroviral sometido a estudio denominado Dapirivina, y cuyo nombre comercial es Aspira, no ha dado los resultados esperados. La forma de presentación farmacológica es un anillo vaginal compuesto por el retroviral que la mujer deberá cambiar cada mes. Según los datos aportados, el anillo reduce el riesgo de contagio del VIH en un 27% en mujeres mayores de 25 años, y según la información transmitida, es casi nula en el grupo de edad entre 18- 21.

Las declaraciones de algunos de los investigadores resultan confusas o poco científicas, ya que lo han puesto en el mercado, considerando: “que lo importante es proteger, aunque no sea mucho.”

Algunas mujeres participantes en el ensayo clínico han sido infectadas porque estaban dentro del conjunto de menor edad o por pertenecer al grupo de estudio con placebo, que como sabemos no contiene medicamento. ¿Hasta qué punto dicho ensayo clínico entraría dentro de la Bioética de la investigación? ¿Se puede registrar un medicamento con tan bajo nivel de eficacia, pudiendo equivocar a la población bajo una supuesta protección? Tratándose de una pandemia, ¿se puede arriesgar la investigación a tener mayor número de casos de Sida en África? ¿Tendrán que curar a las nuevas  infectadas? ¿O las seguirán utilizando como mujeres cobayas?

La protección del VIH, reside  fundamentalmente en la educación acerca del contagio y sobre la base de una información correcta de la sexualidad desde la infancia, para no tener que prevenir. Si esto se hubiera realizado desde la aparición del Sida, habría mucho camino recorrido ya. En investigación no todo vale y no se pueden dar falsas esperanzas de lo que es una mínima aportación a la medicina. Tratándose de una enfermedad tan seria, se debería actuar con rigor científico y por supuesto no ser comercializado, pues más bien parece que lo que se pretende es conseguir beneficios económicos  sin grandes resultados para su erradicación.  

Sagrario Crespo Garrido

Vocal Asociación Española de Farmacia Social (AEFAS)

2019-01-18T08:59:53+00:0020/07/2015|