¿EL ABORTO ES UN DERECHO DERIVADO DE LA LIBERTAD HUMANA?

Estamos en los días previos a la Marcha por la vida 2026. Como cada año, esta convocatoria es una buena ocasión para plantearnos como podemos contribuir a proteger a los numerosos seres humanos, especialmente vulnerables, a los que no se les permite llegar a nacer. Pero, para saber cómo colaborar, es necesario, en primer lugar, poder entender que mentalidad subyace tras ese desprecio hacia algunas vidas humanas. Ello parece especialmente importante en este preciso momento, en el que existe una propuesta de reforma constitucional para convertir el aborto en un derecho. Se trata, por otro lado, de una iniciativa siniestra e incomprensible, ya que, por una parte, en nuestro país no hay obstáculo alguno para abortar; y, por otro, existen graves problemas que requieren una solución más urgente e inmediata.

Reflexionando sobre ello, y especialmente acerca del sorprendente interés por quitar cualquier mínima traba para provocar la muerte de seres humanos en el seno materno, tuve la suerte de que cayera en mis manos la obra Verdad y libertad, de Joseph Ratzinger. En concreto, leyendo un fragmento que se refería al aborto, pude encontrar respuesta a mis inquietudes, y a la razón por la que el aborto se quiere transformar en un derecho. Me permito transcribir el texto al que he hecho referencia:

¨En la radicalización de la tendencia individualista de la Ilustración, el aborto aparece como un derecho propio de la libertad: la mujer debe estar en condiciones de hacerse cargo de sí misma; debe tener la libertad de decidir si trae un hijo al mundo o se deshace del mismo; debe tener la facultad de tomar decisiones sobre su propia vida, y nadie puede imponerle (así nos dicen) desde afuera norma alguna de carácter definitivamente obligatorio. Lo que está en juego es el derecho a la autodeterminación. ¿Pero realmente está tomando una decisión sobre su propia vida la mujer que aborta? ¿No está decidiendo precisamente sobre otro ser, decidiendo que no debe otorgársele libertad alguna, y en ese espacio de libertad, que es vida, debe ser despojado de la misma porque está compitiendo con su propia libertad? Por consiguiente, la pregunta que debemos hacernos es la siguiente: ¿exactamente qué tipo de libertad tiene incluso derecho a anular la libertad de otro ser tan pronto como ésta surge?

El ser de otra persona está tan íntimamente vinculado con el de la madre que en el presente sólo puede sobrevivir encontrándose físicamente con ella, en una unidad física con la misma. Sin embargo, dicha unidad no anula el hecho de que este ser sea otro ni nos autoriza a poner en duda su individualidad propia. Con todo, el ser uno mismo en esta forma proviene radicalmente de otro ser y se da a través de éste. A la inversa, el ser-con exige al ser del otro, es decir, de la madre, a convertirse en un ser-para, en contradicción con su propio deseo de autonomía, y por consiguiente ella lo experimenta como la antítesis de su propia libertad.

Debemos agregar que incluso después de nacer el hijo y cambiar la forma exterior de su ser a partir de y con, sigue siendo igualmente dependiente y encontrándose a merced de un ser-para. Ciertamente, se podría entregar el niño a una institución y someterlo al cuidado de otro “para”, pero la figura antropológica es la misma, ya que sigue existiendo un “a partir de” que exige un “para””

La verdad no requiere comentarios. Se defiende por si sola. Y la verdad es que defender la vida humana, cuidar y proteger cualquier vida humana, es el mejor legado que podemos dejar a las futuras generaciones. Comprometámonos siempre con ello y renovemos, especialmente en esta nueva convocatoria de la Marcha por la vida, nuestro compromiso.

José López Guzmán

2026-05-23T15:40:58+00:0023/05/2026|