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Por María del Carmen Barace Indurain

Con la popularización del uso masivo de medicamentos y la expedición industrial, de cara a la opinión pública se ha extendido una imagen del farmacéutico como mero vendedor o dispensador de medicamentos. Esto ha hecho que se deteriore la parte galénica e innovadora de preparación de formulaciones en la oficina de farmacia. Además, esto se ha propagado a los jóvenes, haciendo que pierdan el interés por la farmacia y la investigación, y provocando que olviden que los farmacéuticos podemos ser mucho más que vendedores de medicamentos.

Sin embargo, no hay otro grado biosanitario con tantas posibilidades profesionales como el grado de Farmacia. Su completa formación y su estrecha relación con el medicamento hacen del farmacéutico un profesional muy bien formado. 

Una de las ideas que más se repiten durante la carrera de Farmacia es que, independientemente del campo en el que se trabaje, nuestra profesión debe estar enfocada en el paciente más que en el medicamento. Esta es una idea que ha ido evolucionando, ya que hasta hace poco el farmacéutico únicamente tenía la labor de preparar los medicamentos y de descifrar la prescripción del médico. No obstante, hoy en día el farmacéutico es mucho más que eso. 

La sociedad exige que el profesional sanitario sea capaz de dar solución a sus problemas de salud, haciendo que en muchos casos los farmacéuticos se conviertan en sus “médicos de familia”. En mi opinión, este es el punto de partida que ha llevado a que surja la atención farmacéutica y a que se esté desarrollando la medicina personalizada. Esta medicina personalizada reconoce que cada paciente es único y responde de manera diferente a los tratamientos. Esto requiere que el profesional sanitario tenga en cuenta las necesidades de cada paciente, para así poder dar con el tratamiento eficaz más adecuado que se ajuste a la persona.

Para poder satisfacer estas necesidades es necesaria la investigación, pero no entendiéndola sólo como el farmacéutico con bata que está en el laboratorio, aislado del mundo haciendo experimentos, sino que esta labor de investigación se puede llevar a cabo en todas las áreas de trabajo, como puede ser la farmacovigilancia desde la oficina de farmacia o en el ámbito hospitalario. 

Es bien sabido que la salida profesional más común y conocida es la de oficina de farmacia. Sin embargo, también es importante el papel que ejerce el farmacéutico en el resto de ámbitos, como en la industria, en la farmacia hospitalaria e incluso en la legislación. Pero es en la investigación donde nuestra profesión está comenzando a tener un papel creciente. Es innegable que la investigación es un campo multidisciplinar en el que pueden y deben participar diferentes profesionales, con el objetivo de complementar la información y aportar diferentes conocimientos y enfoques. 

Tradicionalmente este trabajo ha sido llevado a cabo principalmente por bioquímicos y químicos, aunque en los últimos años la importancia del farmacéutico ha ido aumentando. Esto se debe a la demanda de la población de la mejora de tratamientos y desarrollo de nuevos medicamentos, así como la implantación de la medicina personalizada antes mencionada. Esta creciente importancia de la profesión también se debe a la presión ejercida por parte de los medios de comunicación, asociaciones y partidos políticos, que demandan mejorar la asistencia sanitaria. Esto conlleva más investigación para el tratamiento de enfermedades mediáticas (diabetes, cáncer, obesidad), enfermedades raras y la financiación de medicamentos huérfanos, normalmente sin saber la magnitud de la inversión que supone la investigación, y sin tener en cuenta si realmente es costo-efectivo.

Pero hay algo que es indudable y es que todas estas tendencias que tienen como objetivo mejorar la salud de la población, tienen en común la necesidad de dominar los conocimientos anátomo-fisiopatológicos, los principios activos y la farmacocinética de los fármacos, algo único y propio de la carrera de Farmacia. 

Sin embargo, esta faceta investigadora no se suele conocer antes de comenzar a estudiar en la universidad, sino que se va descubriendo con el desarrollo de las clases, prácticas, talleres y seminarios. En ellos los profesores, con sus propios trabajos y proyectos, muestran las innumerables posibilidades en las que podríamos desarrollarnos en el futuro. A pesar de esto, la mayoría de estudiantes se quedan con los conocimientos teóricos y no pueden probar en sus carnes el trabajo de investigación a menos que hagan un máster o doctorado. 

Esto quizá se deba a que en muchas universidades no existen programas que potencien la aplicación práctica de los conocimientos, o a que las notas de corte para hacer ciertas asignaturas experimentales son altas, como puede ser el ejemplo Experimental Research en la Universidad de Navarra. Creo que gracias a este tipo de asignaturas, donde se trabaja dentro de un proyecto propio de la Universidad, es como los alumnos podemos ver si nos gustaría trabajar en un futuro en la investigación. Por el contrario, normalmente no se pueden acceder a estas asignaturas hasta los últimos cursos de la carrera, haciendo que haya alumnos que no la puedan cursar a pesar de su curiosidad por la investigación. Quizá esto se podría mejorar dando charlas o talleres durante los primeros cursos de Farmacia para explicar la importancia que está adquiriendo la profesión del farmacéutico en la investigación y los requisitos para acceder a esta salida profesional, no solo en la propia Universidad de Navarra, sino en todas aquéllas que ofrezcan programas de investigación para alumnos. 

Creo que es importante dar a conocer a los alumnos los diferentes caminos por los que se puede dirigir la investigación de las enfermedades populares. Una opción sería hacer trabajos o talleres conjuntos en los que puedan participar alumnos de distintas carreras (Farmacia, Medicina, Biología, Bioquímica…), lo que podría hacer entender a los alumnos que la investigación es un trabajo de equipo y que, aunque partamos de puntos diferentes, la realidad es que todas las competencias son necesarias.

Labores formativas de este tipo desde las primeras etapas universitarias podrían favorecer y potenciar un primer contacto con la investigación, mostrando su desarrollo y problemáticas que puedan surgir. De esta forma, se daría a conocer a futuros profesionales un nuevo ámbito de aplicación que no contemplaban inicialmente en su desarrollo profesional. 

Con lo aquí expuesto, la conclusión a obtener de este ensayo que comienza señalando la imagen estereotipada de la farmacia cerca de casa, siempre con el farmacéutico de confianza dispuesto a atendernos, es que nuestra profesión completa el círculo sanitario de mejora en la atención de la salud del paciente a través de todos los estamentos sanitarios hasta llegar al más básico (pero no menos importante), que es el de la investigación. Esta área, hasta hace poco prácticamente desconocida, permite desarrollar los diferentes tratamientos en aras a preservar y mejorar nuestra salud y calidad de vida, siendo esta labor investigadora tarea a desarrollar por muchos colectivos distintos pero con un denominador común, que es la existencia de personas con amplios conocimientos farmacéuticos que sepan no sólo el medicamento que se quiere obtener, sino que conozcan el objetivo que se busca, cómo conseguirlo, cómo aplicarlo y para quién aplicarlo.

(Este trabajo ha obtenido el tercer premio en el  V Concurso de Ensayo para Alumnos de Farmacia organizado por la Asociación Española de Farmacia Social, la Federación Española de Estudiantes de Farmacia y Correo Farmacéutico)

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