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Antes de iniciar con el farmacéutico investigador, me gustaría introducir el concepto de investigación, que según la definición de la RAE: “Es el acto y efecto de investigar.” En la misma palabra también aparece otra definición relacionada con ella, y es la investigación básica, que es: “Investigación que tiene por fin ampliar el conocimiento científico, sin perseguir, en principio, ninguna aplicación práctica.”

Esta definición de investigación básica quizá es la primera imagen que le viene a la cabeza cuando le preguntas a una persona ajena sobre el tema de investigación: “una persona con una bata blanca haciendo experimentos y redactando artículos para luego aparecer en los libros”. Pero la investigación no es un ámbito que se encuentra lejos de nuestra vida, sino que nos rodea constantemente. Si abre cualquier periódico se encuentra en su índice una sección de ciencia y/o tecnología. Allí aparecen diversos estudios científicos, evidentemente no aparecen ensayos de tropecientas hojas, sino que están redactados de forma comprensible para el público ajeno al tema.

Claramente, la investigación es un tema muy amplio, con cooperación de múltiples profesionales, y existen diversos campos de investigación. En este comentario, se quiere destacar la imagen del farmacéutico investigador. Se quiere poner de manifiesto la necesidad de un farmacéutico investigador y su colaboración en distintos ámbitos. Con ello, se intenta plantear una respuesta frente a la cuestión inicial: El farmacéutico investigador, ¿es una faceta conocida y potenciada?

El farmacéutico es una profesión con una referencia legal, que posee una serie de derechos y deberes para satisfacer una necesidad social. Dicha profesión requiere una formación previa para poseer un amplio conocimiento acerca del medicamento. El farmacéutico posee conocimientos sólidos de farmacología, farmacodinamia, toxicología y farmacocinética.

El farmacéutico, siendo su eje central del trabajo el medicamento, ofrece su servicio en diversos puestos, como por ejemplo en una oficina de farmacia, en un hospital, en una industria, doctorado en una universidad, etc. Todo ello orientando para ofrecer un servicio beneficioso a la sociedad.

Como se ha mencionado anteriormente, la investigación es un rango muy amplio. El propio farmacéutico desde sus distintos puestos también permite ejercer el papel de investigador, aportando conocimientos a la comunidad científica. Quizá esta diversidad de faceta investigadora es la parte menos conocida de la profesión.

A la hora de hablar de la profesión, la cara más conocida por la sociedad es el farmacéutico en la oficina de farmacia, y un gran porcentaje de los graduados ofrecen su servicio en ella. Por un lado, es una suerte ejecutar el conocimiento de manera global proporcionado un bien sanitario a los pacientes y su labor es reconocida por la sociedad. Por otro lado, desafortunadamente, al encontrarse detrás del mostrador, el público muchas veces lo percibe como un mero “vendedor” del medicamento. Ante esta difícil situación, los farmacéuticos de la oficina también luchan para mejorar su servicio. Se hace evidente este trabajo con los múltiples estudios que se encuentran en las bases de datos. Permítanme mencionarles algunos títulos de los estudios: “Eficacia y seguridad de piperacilina”, “Farmacia rural y atención farmacéutica en España”, etc. No se debe negar que es un verdadero trabajo de investigación, y que todo ello influye tanto a nivel del paciente como en posibles futuras decisiones a nivel social (legislación, manual de buenas prácticas, protocolo de trabajo, etc.).

Acercándonos más a la imagen “fija” que tenemos en la mente sobre la investigación, que es la de una persona con su bata blanca en un laboratorio. Siendo el medicamento lo más característico de la profesión, la primera relación más común que se establece es la de farmacéutico – investigación, en búsqueda de un nuevo tratamiento farmacológico para una enfermedad. No se puede negar que en este ámbito el farmacéutico tiene una gran contribución en dicho aspecto. Por ejemplo, en la fase preclínica aportando conocimientos biofarmacéuticos para establecer una posología de la medicación.

Cabe destacar que en España existe un documento llamado “La Estrategia Española de ciencia y tecnología y de innovación”, que es una herramienta para potenciar el conjunto de las capacidades del Sistema Español de Ciencia, Tecnología e Innovación, facilitando la colaboración entre todos sus agentes e incrementando los retornos sociales y económicos derivados de la inversión en I+D+i. Existe una potenciación en la inversión I+D+i en farmacia, que se hace evidente con los datos que ofrece en una encuesta de I+D+i en España: “I+D en la industria farmacéutica 2016”. Los resultados de la encuesta sobre los gastos de I+D en 2016 a los laboratorios asociados a FARMAINDUSTRIA, muestran que se ha alcanzado hasta 1.085 millones de euros en dicha actividad.

Sin ir más lejos de nuestro ámbito, por ejemplo en las mismas universidades también se realizan investigaciones sobre formas farmacéuticas para adecuarse a las propiedades del fármaco.

Hablando del ámbito universitario, no ponemos en duda que todos los profesores muestran todo su interés en enseñarnos su ámbito de trabajo, sus ensayos y sus investigaciones. No obstante, se ha echado en falta un paso más del alumno hacia el ámbito de la investigación. Frente a ello, permítanme hacer un pequeño retroceso en el tiempo. Como alumna todavía me acuerdo perfectamente del primer día de clase, lo sorprendida y asustada que me dejó un profesor cuando nos mostró el proceso para comercializar un nuevo medicamento, donde se vio la investigación como algo dificultoso y difícil de acceder. Y de allí comienza la carrera de Farmacia, que ha sido como un maratón, donde se corría para adquirir los conocimientos como esponjas y exprimir todo en los exámenes. Hasta que llega algo que te encuentras a la vuelta de la esquina: el trabajo de fin de grado. Allí, el alumno se enfrenta por primera vez un proyecto, y bajo la guía del tutor comienza a pisar la playa del mundo de la investigación. Aunque a lo largo de la carrera los profesorados muestran su ámbito de trabajo, se hace fácil de escuchar pero difícil de imaginar, por falta de experiencia.

“A lo largo de la carrera, en muchos de los casos, las orientación profesional se dedica a otras salidas como por ejemplo FIR, industria, oficina de farmacia, etc. y no hacen ver a los alumnos la investigación como otra salida profesional”, así nos comenta doctora Mª Isabel Calvo Martínez de la Universidad Navarra, afirmando que el farmacéutico investigador no es conocido por los alumnos .

En la actualidad con los nuevos planes Bolonia se plantean estrategias para fomentar la aplicación práctica del conocimiento en la investigación y en otros campos, y no obstante, también existen financiaciones públicas y distintas becas para la investigación. Acerca del tema de las becas, tienen un requisito importante, que es la nota del expediente. Durante la pequeña entrevista a la doctora Calvo, ella nos reseña: “Muchos alumnos tras enfrentarse a una tesis, descubren que les gusta la investigación, pero a la hora de solicitar la beca se dan cuenta de la importancia del expediente.” Este problema es debido a la falta de promoción de esta salida profesional durante la docencia.

Para concluir, desafortunadamente desde la docencia no se observa una potenciación para la investigación, aunque no se puede negar que el sistema educativo se encuentra en una continua mejora. Esta falta de potenciación no es contradictoria a la importancia que cobra el papel de un farmacéutico investigador, su colaboración con otros profesionales complementando los conocimientos a los otros. Nunca se debe olvidar que la investigación es un barco en el que hace falta que todo los participantes colaboren para dirigirse hacia la meta común, y por lo tanto, no se puede aislar una profesión de otra. También es evidente que en este mismo barco no todos las profesiones ejercen la mismo labor, sino que hace falta la colocación de cada uno de ellos en su puesto para el correcto funcionamiento.

El trabajo de un farmacéutico investigador quizá no esta observado y valorado directamente por la sociedad. Sin embargo, el aporte del farmacéutico que puede ofrecer en el equipo de investigación y a la sociedad se hace necesario, y su faceta está comenzando ser reconocida por los profesionales sanitarios, como se puede observar con los distintos puestos de servicio. 

(Este trabajo ha obtenido el primer premio en el  V Concurso de Ensayo para Alumnos de Farmacia organizado por la Asociación Española de Farmacia Social, la Federación Española de Estudiantes de Farmacia y Correo Farmacéutico)

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