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Patricia Frauca Catalán

Farmacéutica (Navarra)

 

La depresión es una enfermedad que se estima que afecta a unos 350 millones de personas en el mundo. Todas las semanas aparecen artículos en prensa sobre el mal uso de los medicamentos psicótropos y antidepresivos. No es de extrañar, pues las cifras del uso de estos medicamentos son alarmantes: el consumo de antidepresivos en España ha pasado de 26,5 dosis diarias por habitante y por día (DHD) en el año 2000 a 79,5 DHD en el año 2013, esto es un incremento de su uso en un 200%[1], con el enorme gasto que ello conlleva para el sistema público de salud, que claramente está sobresaturado.

Existen numerosos estudios que apuntan a que muchos psicofármacos para tratar la depresión están incorrectamente prescritos a pacientes (o no pacientes) que realmente no tienen depresión. Esta situación, no acorde con el uso racional del medicamento, se produce bien porque se les ha realizado un diagnóstico incorrecto, o bien porque realmente ni siquiera tienen diagnóstico y simplemente acuden a la consulta para que se les prescriba alguna “pastilla para el desánimo, que la vecina le ha dicho que va estupendamente”. En estas personas, por supuesto, ni siquiera la psicoterapia sería una alternativa, porque realmente no tienen ninguna enfermedad y supondría gastar recursos sin ningún control. 

Por otro lado, también se dice que hay personas que realmente tienen depresión que están infradiagnosticadas y, en consecuencia, infratratadas. Cabe decir que el suicidio no es el desenlace en la mayoría de trastornos depresivos, sin embargo, muchos de los suicidios sí que se consuman como consecuencia de una depresión (casi siempre, concomitante con otro trastorno mental) y las cifras de suicidio están aumentando peligrosamente. Es por eso que es importante la investigación en el tratamiento de esta enfermedad.

La medicalización es un concepto relativamente nuevo, no existe ninguna definición consensuada por las administraciones sanitarias. Sin embargo, ya se atisban ciertas características que puedan formar parte del término. La medicalización, aunque muchos autores dicen que es el uso de los fármacos para dolencias que hasta ahora nunca habían sido medicadas, es un término que abarca mucho más que eso. Es un uso no racional de los medicamentos que contempla:

  1. La utilización de medicamentos para tratar enfermedades en los casos en los que otro tipo de terapias (o no terapias), podrían ser más beneficiosas para el paciente.
  2. El uso de medicamentos para tratar procesos normales de la vida que no requieren medicamentos.
  3. El uso de medicamentos de forma inadecuada, desmedida o desproporcionada.

Las guías clínicas españolas para el manejo de la depresión recomiendan que, en caso de depresión leve y moderada, la primera actuación terapéutica, según el modelo escalonado, debe ser la terapia psicológica, sin embargo, la cifra de colegiados especialistas en psicología clínica que ejercen en la sanidad española es ínfima en comparación con la cantidad de pacientes diagnosticados de “depresión”, por lo que es una medida que no se lleva a cabo, por falta de recursos en la mayoría de casos, aunque en algunas comunidades autónomas, como Navarra y Galicia, se está comenzando a poner los medios para subsanar esta deficiencia.

De hecho, los médicos de familia aceptan abiertamente que ellos quisieran poder remitir a sus pacientes a un profesional de la salud mental, pero que deben limitarse a enviar únicamente a aquellos casos recidivantes y refractarios que no han respondido a ningún tipo de terapia y llevan años en la misma situación.

Además, es fácil comprobar que los pacientes tienen el deseo de poder acceder a terapias que no se basen exclusivamente en fármacos, esto se evidencia en cualquier centro de salud, en los que se organizan grupos de manejo del estrés, de relajación, grupos de “mindfullness” … Y es una medida que triunfa en la mayoría de los casos, aunque en el caso de la depresión, es importante llegar a la causa en cada persona individualmente, y eso no se soluciona rápido, requiere de varias sesiones, de un buen profesional y de mucha paciencia. Y aún así, en numerosas ocasiones no se llega a la mejora absoluta del paciente.

            Una psicóloga, ya jubilada, pero con muchos años de experiencia profesional, comentaba que, en muchos casos, aunque se haya llegado a esa causa, los pacientes no querían aceptar la situación, no querían ver que su vida no podía volver a ser como antes, y seguían buscando alternativas terapéuticas y seguían medicados, porque se negaban a aceptar la realidad.

            El problema de la medicalización de la depresión tiene varias causas, complicadas de analizar porque son de índole social, ética, histórica y médica, y en cada uno de esos campos hay muchas vertientes que abordar. La buena noticia es que la sociedad se da cuenta de que hay algo en todo esto que no funciona bien y que hay que cambiar, ahora tenemos que encontrar la mejor manera de hacerlo.



[1]Fuente: Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios.

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